| Artxibo OCR | MARIO GAMBIA
Ecologizar la sociedad
fl n t e r i o p © s
MARIO GABIR1A
No habla de lo que no conoce. Localiza cada pregunta en el
tiempo y. el lugar con el que convive. Se muestra seguro de lo
que dice y reconoce los errores de cálculo propios y ajenos. El
tiempo para él no es relativo, el tiempo da la razón a quien la
tiene y juzga al que se equivocó. Mario Gabina lucha contra lo
JULIAN ORIA MUNDIN
que define una y otra vez como “barbaridades” (ecológicas,
educativas, políticas, sociales) con un talante pacífico y tenaz.
La sociedad del despilfarro y la contaminación tiene un gran
enemigo en hombres como él, un enemigo afable que no
descansa.
Cuando estalló la central nuclear de Chernobyl, un es-
tanquero de Corles le comentó a Cabina cuando fue al kios-
ko: “Ya has visto, María José (en el pueblo le llaman Ma-
ria José en lugar de Mario José) qué ha pasado en Rusia?”.
Claro que lo sabía. Su paisano parecía olvidar que, gracias
a la lucha de unos pocos, las centrales de l údela, Lcmóniz
y otras muchas, no llegaron a funcionar. Mario Gahiria
afirma ahora que la lucha contra las nucleares ya esta ga-
nada. Quién lo iba a decir hace dos décadas, cuando surgió
la lucha ecologista en los Estados Unidos.
Puede parecer chocante pero en Norteamérica hay una
gran tradición naturista. En la sociedad tecnológicamente
más avanzada, se dan las contradicciones más avanzadas.
Al ser los primefos en poner en funcionamiento las centra-
les nucleares, son los primeros en darse cuenta de las pegas
que tienen. Ya quisiéramos tener aquí la ley de medio am-
biente de la época de Carter que sigue vigente, aunque -por
otro lado- lo que hacen es mandar las lábricas conlaminan-
tcs al extranjero. Importan cemento de España, como si
fuéramos una reserva de indios. I.a sensibilidad ecológica
de la población española no tiene eco en los dirigentes. Hay
una cultura latente que ha mejorado y que acogería medi-
das ambientales, ya que la gente va por delante de las prio-
ridades oficiales. Por eso yo he planteado que, más que ha-
cer un partido verde, lo necesario es ccologi/ar la sociedad
para que a los lideres no les quede más remedio que ccolo-
gizarsc. En Navarra, concretamente, estamos en un momen-
to de destrucción ecológica tan grave como el de hace vein-
te años:'proyectos de autovías y embalses que esperamos
no se hagan por falta de dinero y de permisos. Europa y Es-
paña están pagando para que se reduzcan los cultivos de re-
gadío y aquí pretenden inaugurar pantanos. Hay que hacer
un gran esfuerzo ecológico pero eso requiere que los polí-
ticos lo consideren importante. Ahora priva para ellos lo
económico frente a lo social y lo ambiental.
¿Sigues pensando que el ecologisrno es una variante de
la lucha de clases?
Sí, aunque rara vez me plantean este tema, de una lucha
de clases entendida en lili término cada vez más amplio.
Marx dijo que ni él inventó las clases, ni la lucha; él afirmó
que el conflicto entre los intereses de clase era el proceso
que hacia evolucionar la historia. Eso sigue siendo válido
porque el antagonismo está matizado: las clases están al
norte y al sur del planeta. Al igual que los Estados Unidos
nos mandan fábricas contaminantes, este país también man-
da residuos tóxicos a países del Tercer Mundo.
Aunque no defiendas la fundación de partidos verdes
aquí, ¿qué explicación encontrarías al éxito de esos colec-
tivos en Alemania o los Países Bajos?
Allí las situaciones de degradación son más altas y el ni-
vel técnico.y cultural es mayor. Son movimientos de clases
medias y gente culta a la que no le gusta la sociedad que
viene. No acaban de cuajar en Españí&porquc la presencia
de los partidos políticos es muy reciente y la opinión públi-
ca está centrada en opciones más políticas que ecológicas.
Lo paradójico es que, a medida que avanzas, te van des-
(Pasa a la página siguiente)
Si suprimen las nucleares, has-triunfado pero te quedas sin clientela. Nuestro éxito genera nuestro propio fracaso.
La sensibilidad ecológica de la población no tiene eco en los dirigentes.
(Vtone do la página anteriorj
montando los argumentos. Si un día suprimen las nuclea-
res, has triunfado pero te quedas sin clientela. Nuestro éxi-
to genera nuestro propio fracaso.
El que tú afirmes que la lucha contra las nucleares está
ganada, plantea definir otros objetivos quizá menos es-
pectaculares.
Los pacifistas, verdes y feministas constituimos la van-
guardia, lo que podrían ser anarquistas o comunistas en los
años 1890, 1910. Defendemos toda una concepción de la
vida, de las relaciones, la política social, no son sólo paja-
ritos. La sensibilidad de la sociedad europea es cada vez
más grande pero no así la local. Los gobiernos quieren ha-
cer embalses, autovías, no reciclan ni seleccionan las basu-
ras. Situaciones mucho más tristes son las de Euzkadiko Ez-
kerra o EA, que se meten en grupos verdes europeos y lue-
go apoyan autovías destructoras. Es una incongruencia que
forma parte, no ya de la incultura política sino de la con-
fusión. Creo que lo subsanarán pero no tiene ni pies ni
cabeza.
Mario trabaja desde hace cuatro años en la Escuela de
Adaptación Social. Desde allí asiste a un cambio generacio-
nal que no sólo afecta a un grupo de edad sino que ha de
cambiar el mundo en cuanto los jóvenes que hoy son alum-
nos pasen a ser responsables del sistema. Haciendo un rá-
pido análisis sociológico, ¿cómo definirías a los jóvenes de
esta década?
La mayoría tienen muchos medios económicos y cultura-
les, un buen desarrollo de coco y un alto nivel de consumo,
despilfarro, euforia, etc. Son mayoría, son altos, guapos,
listos. Es una gran generación que se está desperdiciando a
base de meterse de todo los fines de semana. Otros fueron
educados para ser consumidores, productores y al final se
han quedado en el paro, sin trabajo, sin casa y sin poder
consumir. Los unos y los otros no intervienen en el siste-
ma. Es un despilfarro de riqueza humana muy grande. A
esta generación le va a tocar pagar los subsidios de vejez de
todos los anteriores, después de haber pagado los errores
del pasado. Si se hacen los grandes proyectos de obras pú-
blicas que se pretenden, pagarán también los veinte años de
créditos que se pidan.
¿Y en cuanto al reciclaje de quienes fueron jóvenes en an-
teriores décadas?
A mis 51 años he visto integrarse con mayor o menor in-
tegridad a tres generaciones. La adaptación ha sido positi-
va aunque quedan cosas por resolver como por ejemplo
todo el malestar étnico. Cuando ahora se habla del abert-
zalismo o de la situación vasca, hay que recordar que Na-
varra ha conseguido durante siglos, misteriosamente, una
coexistencia de los del sur -medio judíos, medio moros, me-
dio castellanos, medio vascos- y los del norte euskaldunes
de prados verdes y tradiciones ancestrales. En la transición
se ha ido a un proceso de falta de comprensión. Al final
nos encontramos en la Cuarta Guerra Carlista, con otros
nombres. Y si las anteriores supusieron un desgarro pro-
fundo, ésta nos está llevando a una sociedad nihilista y me-
nos feliz que otras,
¿Cómo ves el proceso que se está abriendo con la Uni-
versidad Pública de Navarra?
Yo diría que está secuestrada por la privada, le ha roba-
do hasta el nombre. Acepto que hay muchas formas de pen-
sar y que todos tenemos que coexistir pero el proceso al que
estamos llegando no es ése, es el contrario. Hace siete años
que se habla de universidad pública, dos años desde que se
aprobó la Ley de la universidad pública y uno desde que lle-
gó el rector y ño se ha creado una sola plaza estudiantil.
Lo que está pasando, contra la voluntad del propio rector,
es que hay una estrategia profunda de destruir lo que hay,
las siete escuelas dependientes de Zaragoza entre otras co-
sas, para luego, decir que se hará una buena. Parten del error
de diagnóstico de menospreciar a las escuelas de Magiste-
rio, Trabajo Social, Empresariales, Enfermería, Peritos, etc
y no ofrecen garantías de que los profesores que vengan van
a tener una categoría mayor, cosa poco probable si no tri-
plican los sueldos de los que estamos hoy en día.
¿Se está contando con los centros existentes a la hora de
construir el nuevo centro?
Lo que sucede es muy profundo y forma parte de una es-
trategia dilatoriá. Para controlar el proceso, necesitan va-
p
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F
I
L
El mejor ataque, una buena defensa
J.O.M.
Mario Gabiria nace en 1938, allí en el quinto pino, Cortes, el pue-
blo más al sur de Navarra. Su itinerario empezó a dividirse desde la
infancia porque su madre era de Caparroso, la universidad le recibi-
ría en Zaragoza y los estudios más serios en Nancy, Estrasburgo, Lon-
dres, Pennsylvania, California. Creo que soy un miedoso intrauteri-
no. Los años de mi niñez eran años de miedo y hambre, lie conocido
casos muy dramáticos de una época realmente triste. Como a todos
los crios, me gustaba ir a robar fruta a los huertos, ir al rio a pescar.
Ese pasado pesó lo suyo a la hora de inclinarle hada la ecología, el
amor al mundo rural y a la tierra. Su primer articulo para la prensa
hablaba del toreo a pie de las vaquillas en los pueblos. Me siguen gus-
tando mucho las vaquillas, voy por los pueblos a pasármelo bien, un
poco a sufrir y otro poco a reírme.
En 1962 acabó Derecho en Zaragoza y de allí fue a la Escuela de
Ciencias Económicas y Políticas de Londres donde estuvo de alumno
oyente. No tenía pasta ni becas para poder matricularme, no tengo
título pero bueno, estuve. Fregaba platos en un hotel, me prestaban
una bicicleta para ir a la facultad y cuando me cazaban en una clase,
me echaban. Mi formación más profunda se produjo en Francia, en
Estrasburgo con el profesor Lefevre. Aquellas universidades tenían
una gran libertad ideológica y un gran nivel de profesorado, biblio-
tecas. Hay que recordar que yo venía de Zaragoza, en la que parte
de los profesores eran alféreces provisionales a los que habían puesto
allí por sus méritos de guerra.
Mario introdujo en España la sociología urbana en unos años en
los que nacían las primeras asociaciones clandestinas de barrios. Poco
antes de viajar a los Estados Unidos, participó en una de las prime-
ras asociaciones ecologistas del país. Era el año 69 y tuvimos que po-
ner de presidentes honorarios al que hoy es rey y al presidente de la
SEAT, qué paradoja. A veces, cuando repaso lo que lie hecho, creo
que han sido más importantes las cosas que he impedido hacer que
las que he hecho. He ayudado a parar las centrales nucleares y otras
barbaridades y eso ha sido más útil que cualquier otra cosa. He ju-
gado de defensa, como en el fútbol.
En Norteamérica nació el movimiento ecologista justo en los años
ciar lo que ya existe y procurar que la nueva crezca lo más
lentamente posible para que la privada crezca cada año una
media de 800 alumnos. Dentro de cinco años la Universi-
dad del Opus tendrá 20.000 estudiantes y la privada no lle-
gará ni a los 3.000. Han hecho unos estatutos autoritarios
para que no participen los profesores que ya estamos. Creo
que se va a convertir en un anexo de la privada, de ahí la
obsesión de que esté al lado de la otra. La operación de los
edificios es una forma de retrasar la apertura. Si un día se
hacen los edificios, ojalá los construya mi amigo Sáenz de
Oiza, pero la razón de su construcción es dilatoria: cuantos
más millones te gastas en los edificios, más tarde se empie-
za la universidad. A mí me gustaría estar en una universi-
dad libre, laica y pública. No sabemos quién es el cerebro
que ha decidido que toda universidad tiene que estar en una
piña. Es falso que hoy, existiendo telefax, telemática y
carreteras ultramodernas, no se pueda hacer una universi-
dad dispersa. La Universidad de California tiene 146 cam-
pus diferentes y funciona por departamentos. Me parece
perfectamente posible dar temas en Tudela, Sangüesa, Baz-
tán o Estella. Es un proceso diabólico: diseñan una univer-
sidad para 8.500 estudiantes y ahora estamos 4.000. Sólo
para doblar los estudiantes te metes en unas millonadas...
Nosotros defendíamos rehabilitar zonas del Casco Viejo
porque a nuestras escuelas, además, les sobra espacio. Creo
que como la estrategia sutil de la derecha más cavernícola
es retrasarla, llegará un momento en el que ese edificio ni
se llegará a construir. Y otro tema grave es el del euskera,
que está vetado, ignorado. La Universidad Pública es un
atentado contra la diversidad étnica, porque les ha faltado
sensibilidad en ese tema.
• La Universidad Pública de Navarra
está secuestrada por ¡a privada.
Gabiria ha participado en buena parte de los movimien-
tos alternativos de los últimos años. Sus compañeros de via-
je asisten a un cambio de rumbo que no se esperaba. Con-
vienen en afirmar que vivimos en una sociedad consumista.
Tengo que reconocer un error en el diagnóstico que yo
hice de la crisis del 73. Creía que estábamos en una crisis
económica, cultural y social pero fue una falsa crisis. Pen-
sé que cambiaría la concepción del mundo pero ahora vivi-
mos una época de despilfarro, consumismo, desarrollismo.
Tal vez a largo plazo sí surjan esos problemas. Empresas
que nos costaron mucho dinero a todos, se privatizan aho-
ra. Las purgas de las malas gestiones las pagamos los ciu-
dadanos, se reciclan y reflota el capitalismo más pujante y
fuerte que antes. No ha sido una crisis económica sino so-
cial porque durante ese pretendido bache hemos estado cre-
ciendo el 2,6% anual de Producto Interior Bruto y eso no
es una crisis.
¿Organizar una sociedad solidaria, con asistentes socia-
les pagadas por el Estado, servicios de base, etc. lia hecho
que se pierda una solidaridad individual?
Si este sistema es una democracia representativa, el vo-
tante pide cuentas y ayudas a los políticos a los que ha ele-
gido, según el sistema de democracia formal. Las iniciati-
vas individuales se empobrecen aunque no están muertas.
Son una tradición el auzolan, el vecinal, el lantegi, las pe-
ñas, sociedades, bandas. La solidaridad entre vecinos llega-
ba hasta donde llegaba y había más hambre que ahora. No
me parece mal que el sistema capitalista sea coherente con
el estado de bienestar, que debe garantizar a todos los ciu-
dadanos la supervivencia. Aquí hay una falta de cultura po-
lítica tal que en el Parlamento de Navarra no han sido ca-
paces de comprender que los ingresos mínimos garantiza-
dos no son una fábrica de vagabundismo. No saben que
hasta los más conservadores europeos proponen esa fórmu-
la para que personas incontratables se integren en la socie-
dad. No distinguen entre ayudas económicas y salario so-
cial. No habría ningún problema para sacar de la pobreza
a ese 2% de la sociedad navarra, para hacer una sociedad
más armoniosa, menos desigual; algo que iría en propio in-
terés de los más ricos.
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en los que Gabiria trabajaba como visitante. Ya en los 70, surgió un
gran movimiento organizado que hablaba de catástrofes nucleares.
Gracias a su trabajo, mantuvo un contacto directo con muchos alum-
nos y al volver, se encontró con que pretendían poner una central al
lado de casa, en Tudela. El movimiento opositor consiguió que de las
29 proyectadas, sólo se construyeran 8. Parece qué nacemos con el
signo de actuar por actuar, hacer por hacer. Y debemos pensar lo que
hacemos y hacia dónde vamos. Hemos parado burradas en el tema
ecológico y creado una conciencia. Es una labor ingrata porque, en-
tre que creas una cultura ecológica y se extiende a la población, pa-
san unos años. Años en los que ha estado de consultor de las Nacio-
nes Unidas en Mozambique, en Brasil, trabajando aquí y allí, en tra-
bajos que se planteaban unos objetivos concretos y que había que
abandonar tras el éxito o el fracaso.
Volvió a casa, a Cortes y a Pamplona, a la Escuela Universitaria
de Adaptación Social. Se le suele ver en mesas redondas, debates,
marchas y manifestaciones. Pasca y va al trabajo en bicicleta (a la po-
bre le da un buen trote). Casi todos los fines de semana bajo a Cor-
lés, a dcscarisair y relajarme. Tamparo intervengo mucho en tu sida
•semaiütlm
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va a tocar pagar tos subisidios de vejez de todas las anteriores.
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¿Qué es tener un amigo?
Solidaridad y amor mutuo, especialmen-
te en los momentos difíciles
¿Para qué sirve un policía?
Para retrasar el proceso de desaparición
del Estado, en el que en lugar de reprimir
a las gentes se administren las cosas. Son
cuerpos a extinguir. Los ciudadanos vigila-
rán mejor su sociedad que los especialistas.
Ellos son el brazo armado de la clase
dominante.
¿Y las tarjetas de crédito?
Las inventaron los americanos para que
no les robaran, en una sociedad peligrosa.
Ahora sirven para acelerar el consumismo.
El dinero electrónico son flujos eléctricos,
no es mercancía. Son flujos que llevan, en
sí mismos, parte de la enajenación de las
personas. Cada persona deja parte de su
vida en las cosas que hace y el que la acu-
mula, al final, la consume eléctricamente a
través de la tarjeta. Es el dinero invisible
en el que va la explotación de los seres
humanos.
¿Hay políticos admirables?
Sí, aunque mi concepción del mundo se
acerque al anarquismo. Hay personas con
carisma para canalizar las pulsiones colec-
tivas y, en ciertos casos, son gente necesa-
ria y útil. Llegará un momento en el que
los gobernantes sean a sorteo en el censo,
con sus asesores, por rotación. El político
es un defensor de los intereses de su clase,
del grupo al que pertenece, pero no tienen
por qué ser corruptos o inmorales.
'¿Te identificas con algún animal?
No, me identifico con todos los seres vi-
vos de tal manera que siento su forma de
ser como propia de su especie. Me emocio-
na, eso sí, ver los toros en los sotos de la
Ribera. Son el residuo de una época pre-
histórica.
¿Las mesas sirven para negociar?
Aquí sobre todo, sirven para comer. El
placer de comer es superior al placer geni-
tal. La actitud negociadora tiene que estar
en la mente. Para sacar fruto de la nego-
ciación hay que tener un gran sentido de la
relatividad. Es necesario que se tenga res-
peto a la diferencia, estar dispuesto a re-
nunciar a parte de lo que se negocia y estar
decidido a llegar a un acuerdo para que las
conversaciones avancen. Ojalá el proceso
iniciado con ETA llegue a algún punto. Lo
mismo que les ocurrió a los argelinos, que
eran criminales de guerra hasta que se lle-
gó a un acuerdo y también ocurrió algo si-
milar en Vietnam.
¿Deben ser peatonales los cascos viejos?
En parte. Deben tener circulación res-
tringida. Los que hacen inhabitable el cas-
co son los que combaten el espacio que ne-
cesitarían sus propios clientes. No creo que
haya que suspender el tráfico, dejar el
imprescindible.
¿Puede ser un hombre feminista?
Yo creo que sí. Cuanto más libres son
las mujeres, más interesantes y más felices
todos. Entiendo el feminismo como un
proceso de liberalización general, social,
personal, sexual.
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social porque, al proceder de una familia de caciques, lo mejor es
mantenerse al margen. En la Ribera ha exisitido siempre una estruc-
tura caciquil, con condes y burgueses que eran propietarios de la
tierra, que está cambiando ahora. Asistimos a una reforma agraria
silenciosa, el pueblo es ya más industrial que agrario. A Mario le preo-
cupa el fenómeno que se vive al sur de Navarra, el modelo social adop-
tado. Los sueldos bajísimos en las fábricas conserveras y la economía
sumergida están al orden del día. La Ribera sigue un poco el modelo
paleto o tercermundista aragonés. Las chicas trabajan en las fábricas
pero no se aumenta el nivel cultural o científico. En este sentido, no
abrir la universidad pública en Tudela es un símbolo muy grave. El
modelo es “el rayo láser para Pamplona y para Tudela la fábrica de
cañones o la contaminante de papel”. Mientras en Navarra hay unos
25 universitarios por cada 1.000 habitantes, en Tudela no habrá 7 u
8. Siguen vendiéndola como la Ribera feliz porque el nivel económi-
co es muy alto, cuando en mi pueblo hay ahora menos universitarios
que en mi época. Los chicos van a la mili con coche propio y las chi-
cas se dejan los mejores años de su vida en las coaserveras y consi-
-gtten-ttn-gfit«-«juflfr-L.a-defieiencta-cuHufal- se acabar¿-pagando. | |