| Artxibo OCR | sábado, 18 de
mayo de 1985
12 / bizikleta testa
egin
I
La bicicleta como
relación intima con el
medio ambiente
En la locomoción urbana, sobre dos ruedas se llevan
las de perder. Ni calles ni avenidas tienen carriles reserva-
dos. Los conductores —ávidos por llegar— cierran todas las
veces que lo necesitan. El permiso tácito para encadenar la
bicicleta en cualquier poste o reja a menudo depara la sor-
presa de un robo. Lluvias no pronosticadas, gases respira-
dos en directo... ¿qué más? Pero la sensación incomparable
de autodeterminación que ofrece una bicicleta pasa por
alto esos riesgos. Revierte desafíos en un ejercicio perso-
nal. Incluso a través del enjambre de taxis y autobuses del
centro en horas punta la bici permite reencontrarse con
gustos privados. No hay diferencias entre andar por andar
y usarla para ir de un lugar a otro.
Para quienes la usan su condición
está lucra de toda conccpluali/.ación
y análisis. Deporte, ahorro de
combustible, sencillez, actitud inteli-
gente, espíritu aventurero, de ánimo,
lo que fuere, la bici es símbolo de li-
bertad individual. Una de últimas li-
bertades no controladas por el Sis-
tema. pues aunque en teoría hace
falta documentación y luces, en la
práctica esto apenas se cumple.
En bicicleta es frecuente obtener
«sensación oceánica», algo imposible
desde el auto y, mucho menos, en
un autobús donde parabrisas y ven-
tanillas son meras pantallas en que
la ciudad aparece recortada. La bici-
cleta permite una óptica total que
abarca costados y ciclo y propicia un
estado de fascinación visual por la
totalidad de los detalles. Aunque no
miremos nada en particular, edifi-
cios, perspectivas, personas y objetos
en la calle adquieren otra dimensión
y relación en nuestra mirada.
Encrgia vital
AI caminar o estar parados, nos
equilibramos con pesos laterales y
delantero/trasero. Sobre la bicicleta
lo hacemos con apoyos longitudina-
les, una suma de estabilidades y mo-
vimientos que multiplican esa ener-
gía hacia adelante. Parados
producimos una acción-reacción
sobre la tierra. Sobre las dos ruedas,
esc intercambio se convierte en mo-
vimiento. La energía pasa de poten-
cial a cinética.
Más preocupados con otros aspec-
tos y connotaciones de la bicicleta,
los ciclistas occidentales pocas veces
advertimos por dónde pasan los
hilos maestros de ese equilibrio. Al
pedalear creemos obtenerlo por el
subibaja de nuestras piernas y soste-
nerlo con los brazos sobre el manu-
brio. En verdad, mantenemos el ba-
lance desde el centro de energía vital
ubicado dos dedos debajo del om-
bligo. Desde ahí también regulamos
la velocidad y establecemos la rela-
ción con el movimiento.
Nuevo para nosotros, el concepto
es milenario y cotidiano entre japo-
neses. Los movimientos de Tai-Chi
se controlan desde esa área. No hay
arle marcial que la descuide' Ni
danza. En Japón, el 'hara' está incor-
porado a toda postura, movimiento
y potencial divino.
Los hombres consumimos energía
del ‘hara’ hasta en el simple hecho
de estar de pie. Al caminar usamos
músculos que no ayudan al movi-
miento del cuerpo sobre el suelo _y_
actúan sólo para subirlo y bajarlo.
Sobre el sillín, el ciclista releva a los
músculos de las piernas de su fun-
ción de soporte y los emplea como
fuerza de tracción.
En relación con el arte de cami-
nar, el consumo de energía es cinco
veces menor (0,15 en vez de 0,75 ca-
lóriá'i/gramas por kHOrnemi). Y la
velocidad, dos, 1res, cinco, diez, veces
mayor.
Comparada con la de un litro de
petróleo;-la energía que un ciclista
necesita en comida le permite hacer
400 km. por litro. La bicicleta utiliza,
los músculos más potentes del
Numerosas bicicletas circulan ac-
tualmente por la ciudad y los ba-
rrios. Una nueva generación de ci-
clistas —jóvenes de ambos sexos y
personas de mediana edad— las uti-
lizan por elección, no por necesidad.
Hasta no hace mucho, los únicos
adultos que se veían en bicicleta
eran quienes no tenían para
comprarse auto ni molo. Hoy. el
perfil del usuario es otro: estudian-
tes, muchachas, empleados, profesio-
nales que tuvieron o tienen coche y
buscan una evasión práctica...
El auge es mundial y ha provo-
cado un trasvase de la tecnología re-
servada para los modelos de compe-
tición a los de paseo y turismo.
Ahora existen ya elementos y siste-
mas- que aprovechan racionalmente
la energía: cambios de marchas,
piezas de aluminio, otros tipos de
freno, precisión mecánica, acrodina-
niismo...
Además de ser un vehículo prác-
tico, la bici tiene su status. Como los
autos, ya no se vende sólo en talle-
res. El concepto ha cambiado y ya
no es un sueño de chicos o algo para
domingueros. Es una máquina alter-
nativa, un elemento de otra manera
de vivir.
Es diferente a lodo. A andar en
molo, a caminar. La calle, el aire, las
presencias, todo cuanto acontece al-
rededor se convierte en vivencia.
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