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524 Egin Bizikleta Festa. Una bici no se roba.
Egilea: Egin.
Iturria: Egin 18-05-1985.
Euskarria: DIG/PAPEL
Hizkuntza: Gaztelaniaz
Serie: Bizikleta Festa.
Etiketak: Sustracción de bicicletas
General 1985
Artxibo OCR’85 maiqlzak 18. larunbata ÇglO bizikleta festa / 7 P» No podemos atar la bici con cíen candados. Sa ; i. -tÁfjíjrtíUfc ifcrf fcfií^ili rftfrifi' I ,v¡,; >„v. HHI Úna bici no se roba lil aficionado a Ja bicicleta en sus variadas versiones, además del peligro a su propia integri- dad física, tanto en la ciudad como en la carretera, tiene otra gran plaga de la que protegerse y es del robo de su bicicleta. Las numerosísimas personas que nos hemos visto alguna vez afecta- das por ella podríamos crear una peña o alguna comparsa de considerables dimensiones y sa- bemos la tristeza, la impotencia que nos embarga al llegar al poste donde la alamos o a la ba- randilla que nos permitió «can- darla». Normalmente, solemos ha- cerlo en lugares bastante públi- cos y notablemente transitados en la creencia de que eso le pro- tegerá a la pobrecilla durante nuestra ausencia. Pero, el pa- scante, como corresponde, está pascando; el señor ocupado va a lo suyo y, además, como la mayoría de los ocupados tienen coche no se fijan en lo desampa- radas que se encuentran las bicis hasta el regreso de su dueño. El repartidor para un minuto en cada esquina y la panadera, que te conoce, bastante tiene con despachar a su clientela como para preocuparse de quien se acerca al poste y con qué cara lo hace. A cualquiera que le quitan algo se siente molesto y si es el coche o la moto más todavía, porque son cosas de considera- ble valor. Y no es que las bicis no cuesten dinero o resulten ba- ratas como para que nuestro malestar sea menor, pero es que cuando lo que te roban es una * bici, la injusticia la sientes con más fuerza. En cierta ocasión se pudo leer en la sección de Opinión de EGIN, la carta de un ofendido cicloturista que reclamaba de forma insistente’ que le devol- viera, la bici que le habían ro- bado, primero porque era suya y además porque le habían qui- tado su medio de transporte que era fundamental para él. Y es que las bicicletas son para andar con ellas por la calle. Las podemos guardar en casa o en algún otro lugar. más o menos apropiado, pero cuando salimos á la calle y las. utiliza- mos tenemos que dejarlas en al- guna parte mientras hacemos el encargo, nos bañamos en la playa o nos separamos de ellas por un ratilo. Toda la filosofía de vida que rodea a la bicicleta, tiene que estar necesariamente fundamen- tada en la confianza y én la conciencia colectiva de respeto hacia este mundillo. No pode- mos atar la bici con cien canda- dos porque, además, daría lo mismo. Si se empeñan, estamos perdidos. Pero, es necesario mentalizarse de que mientras no se le respete a pesar de su vul- nerabilidad, será imposible que se convierta en uñ transporte al- ternativo y seguro. Es admirable ver en muy diversos países como Holanda, Bélgica, etc., aparca- mientos especiales reservados, en.los que cada mañana duer- men, a plena luz del día. miles de bicicletas con un bajísimo porcentaje de robos o desapari- ciones como se califican normal- mente. En el aparcamiento que está preparado para bicis frente al ayuntamiento donostiarra desa- parecen co n s tante m en te. Cuando el afectado por el robo se encuentra con la desagrada- ble sorpresa, la primera reacción suele ser encaminarse hacia el guardia que suele estar en la puerta del ayuntamiento y pre- guntarle muy .ofendido —como si el guardia tuviera culpa— o simplemente preocupado, si sabe algo de la desaparecida. Normalmente, se limita a decir que no tiene ni idea, pero cuando encima te informa de manefa rutinaria que es la ter- cera que han robado del mismo sitio en una semana, la cosa se complica más todavía. Sólo unos pocos afortunados logran recuperar la bici que le robaron y es que resulta muy fácil camuflarla, reformarla o sencillamente desmontarla pqja sacar piezas que es Jo más 'común. Comprar bicis de se- gunda mano es muy sano. Ha- cerse una bici con piezas compradas ya usadas está bas- tante de moda y resulta más sano que lo anterior porque es todavía más barato. Pero cuando conozcamos a alguien que se ha montado una bici en- tera con piezas usadas de du- dosa procedencia, conviene que no hagamos demasiadas risas cómplices, porque algunas de las piezas de la nueva bici que se fabrique el listillo, pueden ser de nuestra cx-bici.