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466 La circulación sólo disminuyó un 3% en las calles de Madrid.
Egilea: Fernando Neiba..
Iturria: El País 30-04-1999.
Euskarria: DIG/PAPEL
Hizkuntza: Gaztelaniaz
Serie: Sociedad.
Etiketak: Medio Ambiente, Beneficios económicos de uso de la bicicleta
Madrid (comunidad) 1999
Artxibo OCREL PAÍS, viernes 30 de abril de 1999 UNA JORNADA CON MENOS COCHES SOCIEDAD / 37 3, - \ - 2. VítaD fo ^HSl B- BeJ&Tícíb-’S. ecaDVtcíóS La circulación sólo disminuyó un 3% en las calles de Madrid FERNANDO NEIRA, Madrid El Día sin Coches fue día de atascos en Madrid. Los medidores del gabinete de Tráfico del Ayuntamiento detectaron un descenso de Sólo él 3% en el número de automóviles que se lanzaron ayer al asfalto. Si se da por buena la estimación teórica según la cual circulan por la ciudad unos 750.000 vehículos en un día laborable medió, ello significa que sólo 22.000 conductores conversos accedie- ifóñ á dejar el coche inmóvil en < A título comparativo, la reduc- {biéft del tráfico én Mádrid ronda él '35% en domingos y festivos, y entre el 20% y el 27% durante el mes de agosto. Con todo, ese tími- do 3% de recorte sé notó con cier- ta claridád en algunos puntos neu- rálgicos de la ciudád, cómo el en- torilo de Cibeles y del paseo del Prado, Por contraste, el oarrio de Salamanca, emblema de la clase media âltà, fue un puro atasco du- rante toda la jomada. fSí'4-PéSe á ló discreto de las cifras, fèi jéïe dèl centro dé pantallas del ^Ayuntamiento, Javier Leralta, se átrévió á hablar de “pequeño éxi- to” de la convocatoria, puesto qUe la mañana comenzó con el ■enemigo más temible del transpor- te público: lá lluvia. Francisco Se- gura;! portavoz dé Ecologistas en yAcción, achacó el éscaso segui- 'tñiénto de lá convocatoria al “po- ííitéféS” del Ayuntamiento por "divulgarla. $■; La de ayer era la segunda expe- riencia de esta naturaleza que se llevaba a cabo en la ciudad. El garaje. antécédente se remonta al 24 de mayo de 1990, con la I Jornada sin CÓChés que convocó la Federa- ción de Asociaciones de Vecinos de Madrid. En aquella ocasión, la disminución en el tráfico rodado se movió en torno al 2% y el 3%. Segovia padeció también los mismos problemas de tráfico que en una jomada normal, especial- mente complejos en el recinto amurallado donde, todos los jue- ves, se celebra un mercadillo tradi- cional. Los enfrentamientos entre la Federación de Asociaciones de Vecinos y el gobierno municipal del PP provocaron que no hubie- ra un acuerdo para celebrar la jor- nada sin coches, informa Aurelio Martín. Hasta que no se terminen las obras dé la. variante de la ciu- dad, que Comenzaron la semana pasada, continuarán pasando dia- riamente miles de vehículos, tanto automóviles como camiones pesa- dos, a menos de 50 metros del Acueducto, un monumento decla- rado por la Unesco como Patri- monio de la Humanidad. La otra ciudad VICENTE VERDÚ Sacar un hijo adelante cuesta unos 10 años ente- ros de trabajo y desvelos, pero mantener el co- che, a lo largo de la vida, puede resultar tanto o más abnegado. A finales de los años sesenta, Ivan Illich escribió un libro, Energía y equidad, donde se reflejaban los despilfarras y contradic- ciones en el sistema occidental de transportes. Aparte de los daños sobre el medio ambiente, en ruidos y contaminación, aparte de su destruc- ción de medios naturales o su incidencia en el incremento de muertes, el coche se ha converti- do en un voraz consumidor de nuestro tiempo de vida. Según Ivan Illich, sumando al precio del coche el seguro, multas, reparaciones, esta- cionamientos, Combustible, mantenimiento y ho- ras perdidas en los embotellamientos, unos 11 años de nuestra esperanza de vida se destinan a sacar adelante la pervivencia de nuestro coche. ¿Cómo no aprovechar, por tanto, esta jornada de auto-reflexión que ayer celebraron algunas localidades españolas para sopesar la necia mag- nanimidad de esta entrega? Hoy nadie duda de que las ciudades que habi- tamos no soportan el incesante aumento de au- tomóviles. En la previsora República Federal Alemana se supuso, hace cuatro décadas, que el punto máximo de congestión automovilística se- ría el de un vehículo por cada cinco personas. A comienzos de los noventa, aquella Alemania Oc- cidental ha logrado una densidad de más de un vehículo por cada dos personas. Además Suiza, Francia, Inglaterra o Italia consideran que han rebasado el grado de saturación, y España sigue el mismo camino. Nadie puede esperar que el problema encuentre solución abriendo nuevas avenidas, construyendo mayores autopistas, mul- tiplicando las circunvalaciones, los pasos a dis- tinto nivel o subterráneos. La extremosidad del crecimiento obliga a atajarlo y en Amsterdam, Rotterdam o Utrech se pagan ya altísimas tari- fas para poder circular por el centro metropolita- no. Son las primeras medidas disuasivas de una cadena que en el siglo XXI cerrará el paso al auto privado. El coche ha procurado desahogos psicológi- cos, pero ahora estrangula, aísla y ataca los nervios. Podrían haberse paliado esos proble- mas con el transporte público, pera la ciudada- nía se aferra al volante con determinación neuró- tica. Y no precisamente para desplazarse a un lugar lejano, sino tan sólo para acudir al trabajo o a una diversión próxima. El 96% de los viajes en coche son hoy, en Europa, de carácter local y una tercera parte de los desplazamientos diarios se produce en un radio de menos de tres kilóme- tros, la longitud ideal para ir a pie o en bici. Por fortuna, la situación se ha agravado tan deprisa en España que el proceso de reversión llegará muy pronto. El año próximo serán más del doble las localidades españolas que ensayen un día sin autos. El mayor aptecio por el patri- monio de las ciudades, la cotización del ejercicio físico, la conciencia ecológica, la aversión al atas- co, la mejora de los transportes públicos, fomen- tan la expectativa de una vida menos ruidosa, abarrotada y opresiva. El coche se integró bien en la escala de las amplias urbanizaciones norteamericanas tras la segunda guerra mundial, pero se convirtió en un violento intruso sobre las angostas calles eu- ropeas. El coche en Estados Unidos es el núme- ro uno de todos los transportes; incluso cuando se produjo el último gran terremoto de Los Án- geles, que hacía necesarios enormes rodeos para evitar puentes y autopistas destruidos, sólo una pequeña proporción de viajeros cambiaron sus hábitos por el tren de cercanías. Pero éste no ha de ser el caso de Europa, donde el metro es el transporte urbano significativo, ni tampoco el modelo del Tercer Mundo, donde lo primordial es el autobús. Efectivamente no hay capacidad humana para imaginar una civilización sin co- ches, pero no hay ya felicidad urbana posible sin una radical alternativa al coche.