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martes, 29 de noviembre de 2016
No todo es carril bici en la promoción de la bici
Aunque parezca mentira tener que hacerlo, hay que recordar que los problemas de las
personas que quieren utilizar la bicicleta como medio de locomoción no se reducen a la
necesidad de que las calles contemplen su circulación o que haya circuitos exclusivos
para bicis, sino que hay muchos otros aspectos trascendentales, que por lo general se
relegan, porque el discurso pro-bici polariza mucho las reivindicaciones y se concentra
en las causas más vistosas, que, por desgracia, son también las más caras y las más
difíciles de acometer.
Ahora mismo, muchas ciudades donde se han constituido gobiernos de cambio, de
progreso o de la etiqueta local que se haya elegido para definirlos, que muchas veces
son gobiernos multipartitos, están enfrascados en este dilema. La bicicleta es vistosa,
inocua, barata y conveniente, y el carril bici es una demanda popular bastante
unlversalizada, al menos mediáticamente, así que ¿por qué no? vamos a darle al pueblo
una alegría y vamos a hacer vías ciclistas para loor de multitudes, piensan los políticos
al mando. Y creen no equivocarse cuando se rodean de la resistencia histórica que ha
envejecido reclamando este tipo de facilidades y ahora ven cumplidos sus sueños.
Por atender este tipo de demandas, muchas veces de una manera apresurada y
posibilista, los responsables políticos están perdiendo la perspectiva, no sólo de lo que
la bicicleta representa en el total de la movilidad y en hacer que esta movilidad sea más
amable y más ecológica, sino de lo que la propia bicicleta o, mejor dicho, las personas
que la eligen como modo de transporte necesitan. Pero es que llegan a perder el criterio
de qué es técnicamente acertado y aporta seguridad y prevalece la necesidad de hacer
infraestructuras, sin valorar su idoneidad.
Lx)S carriles bici deberían ser excepcionales en ciudades amables y orientadas a las
personas, porque estas ciudades habrían conseguido excluir al automóvil como vehículo
dominante en la mayoría de sus calles.
La bicicleta sigue siendo una gran desconocida
En las ciudades donde la bicicleta quedó marginada por la preeminencia que se le quiso
dar al automóvil privado durante las décadas de los 60 a los 90 fundamentalmente, que
vienen a ser la inmensa mayoría de las ciudades del mundo exceptuando una zona que
decidió recuperarla a finales de los 70 en Centroeuropa, hay una cuestión que agrava
esta situación: no hay experiencia en el manejo de la bici. Es decir, hay inseguridad y
miedo de conducir la bicicleta en algo que no sea un espacio libre de circulación.
Este mal, que es endémico, trata de resolverse sólo a base de infraestructura vial
exclusiva, en su mayoría deficiente, estrecha e insegura, o permitiendo la circulación
por las aceras. Y se deja de lado todo el aspecto de educación, adiestramiento,
sensibilización y corresponsabilización de la gente en sus prácticas circulatorias, porque
no es tan vistoso y no tiene tanta trascendencia mediática, cuando es, quizá, lo más
importante, sobre todo entre la gente que se está formando.
¿Vías exclusivas o vías inclusivas?
Pero es que también se abandonan otro tipo de facilidades que son tan esenciales o más
como las vías exclusivas para ciclistas, que son el calmado del tráfico, las vías de
coexistencia y las vías residenciales. O simplemente calles que no tienen una especial
intensidad de tráfico. Muchas veces, el afán por contar estadísticamente con cantidades
reseñadles de vías segregadas que hagan ver que hay una preocupación por proteger a la
gente ciclista, hacen descartar la posibilidad de hacer vías inclusivas, que son mucho
más seguras para todas las personas y hacen que la calle sea más amable sin necesidad
de separar tráficos.
Aparcamientos seguros, por favor
Otro aspecto sorprendentemente olvidado en las políticas de promoción de la bicicleta al
uso es el de garantizar el aparcamiento cómodo y seguro para bicicletas. Y no sólo el
aparcamiento doméstico, que es esencial para la tenencia de la bici y su conservación,
sino aparcamientos en los lugares de máxima afluencia ciclista y, sobre todo,
aparcamientos seguros allá donde las bicicletas hacen estancias largas y repetitivas, es
decir, en centros de trabajo y en centros educativos.
De hecho, parece incongruente e irresponsable, cuando se trata de fomentar el uso de la
bicicleta, consentir la incidencia y la normalización del robo y del vandalismo
relacionado con este tipo de vehículos. Que se asuma el robo como algo connatural a la
tenencia y utilización de bicicletas es, más que lamentable, siniestro por ser una
perversión aceptada por la mayoría de la gente y sobre la que parece que no se puede
actuar de una manera suficientemente efectiva.
Si no dotamos nuestras ciudades de lugares cómodos, seguros y bien localizados para
dejar las bicicletas estancias largas con garantías, no acabaremos de dar oportunidades
reales a las personas que quieran elegirlas y no acabaremos de dignificar y normalizar
su uso, porque estaremos consintiendo que la incidencia del robo y del vandalismo
actúen como disuasores del uso de la bici, y está comprobado que son los
inconvenientes más importantes que se encuentran los ciclistas cotidianos para
mantenerse en la práctica de su elección.
Así pues, nos podemos obcecar en demandar infraestructura segregada para el uso de la
bicicleta, pero, si desatendemos estos otros aspectos en su promoción, no
conseguiremos consolidar y normalizar la bicicleta como opción natural de movilidad
en nuestras ciudades.
Publicado por Eneko Astigarraga | |