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miércoles, 21 de diciembre de 2016
En Madrid no hay bicis en las calles
Es endémico en todas las capitales que sus habitantes se sientan diferentes al resto del
mundo. Este sentimiento que muchas veces se interpreta como un signo de prepotencia
o arrogancia, ha quedado demostrado que es inherente a la condición de la capitalidad.
Pasa a todos los niveles y pasa en todas las localidades cabecera, desde el ámbito
comarcal, hasta el plano nacional e internacional. Madrid no escapa a esta cualidad ni a
esta condición. También es cierto que las grandes ciudades son países en sí mismos
porque desarrollan un ecosistema propio y un modo de vida asociado que no puede
reproducirse en otras escalas.
Que la gente que vive en Madrid se sienta especial es normal y a los que lo vemos desde
fuera y venimos de una pequeña ciudad de provincias nos hace gracia y nos resulta
simpático, aunque a veces tengamos que soportar algunos ninguneos estúpidos, propios
más de ese sentimiento de exclusividad del que son víctimas que de un ánimo de hacer
de menos. Ees sale la chulería. Como a los de Bilbao, a los de Sevilla, a los de
Barcelona o a los de Berlín, Amsterdam, Buenos Aires, Eondres, París o Nueva York.
Muchas veces esa chulería les hace desoír alertas y críticas del exterior y les hace creer
que cualquier cosa es posible, si la piensan y la protagonizan ellos mismos. Y mismas.
Pero aquí hemos venido a hablar de bicis en la ciudad y de su promoción. Y hoy toca
Madrid.
Madrid lleva años tratando sin éxito de introducir la bicicleta como opción digna en una
ciudad que no es la más cómoda para hacerlo, fundamentalmente por las pendientes que
tiene y por adolecer todavía una arraigada cultura automovilística. Y ha querido hacerlo
de una manera distinta, siguiendo el consejo de un grupo de activistas responsables
cuyas líneas de actuación y sus recomendaciones pueden seguirse en el excepcional
blog En Bici por Madrid.
¿Cuáles han sido las líneas de actuación que ha seguido Madrid?
Pues, básicamente, no apostar por los carriles bici y hacerlo por los ci el ocarriles y las
ciclocalles e invertir en un sistema de bicis públicas eléctricas (el BiciMAD). Eso y los
programas que el grupo de personas que alimentan En Bici por Madrid están
desarrollando de acompañamientos, excursiones, introducción de la bicicleta en varios
colegios y empresas, todos ellos realmente encomiables, pero privados, aunque sin
ánimo de lucro y algunos con financiación pública, aunque sea europea.
Hablemos de la parte pública.
Sharrows, calles tranquilas, BiciMAD...
Primero los ciclocarriles compartidos en forma de "sharrows", ese palabro que viene del
vocabulario probici integrista norteamericano, y que propone pintar unas flechas y unos
logos en el centro del carril destinado a alojar las bicis y cuya velocidad se limita,
además, a 30 kilómetros por hora. Esta modalidad se ha elegido en las vías multicarril
con una más que cuestionable valentía, porque muchas de ellas cuentan con carril bus y
se han implementado a la izquierda de éste, con la lógica de integrar a la bicicleta como
un vehículo más dentro del tránsito rodado. Cuestionable valentía, porque resulta
disuasorio para los ciclistas noveles incorporarse a un tráfico que no les comprende ni
les desea en medio de buses y coches que circulan, cuando menos, al límite de la
velocidad permitida, lo cual resulta intimidatorio hasta para muchos ciclistas
experimentados pero tranquilos.
Por otro, estarían las calles 30 y las calles 20, que formarían lo que se ha venido a
llamar el plano de calles tranquilas y que no va más allá de una señalización vertical y
una encomendación a su cumplimiento a la buena voluntad de los usuarios, que, en la
mayor parte de los casos se produce, sobre todo porque, no siendo una persona
temeraria, las calles tampoco dan para correr más y, siendo calles unicarril con coches
aparcados en su práctica totalidad, basta con circular por la bici sin ir orillado para
conseguir hacerte respetar.
Lx) que tiene más miga, pero que ha sido lo único que ha hecho capitalizar la mayoría de
las pocas personas que se han incorporado a la bici, es el flamante y flagrante
BiciMAD. Una locura sólo al alcance del atrevimiento y la irresponsabilidad de un
ayuntamiento como el de Madrid de Ana Botella. Aceptar un sistema de bicicletas
públicas de una empresa que no tenía experiencia ni solvencia ya era arriesgado de
entrada. Hacerlo todo con bicis eléctricas, era además temerario. Y sin embargo, ha
funcionado o malfuncionado desde que se implantó en Junio de 2014.
¿Por qué? Pues precisamente porque los madrileños son tan temerarios y tan chapuceros
como los políticos que les gobiernan y se tiran a la piscina con un descaro y una
naturalidad envidiable, incluso sin comprobar si hay agua o si está limpia. Y encima
fardan de ello. Les pasó anteriormente a los sevillanos, que son de un perfil similar
salvando las distancias, y también a los barcelonitas, que son de otro país y de otro
planeta diferente. Cada cual con su formato y formulación, pero todos orgullosos y
exultantes de poder seguir practicando un rollo ciclourbanita de última tendencia y de
renombre mundial.
Asumir la bicicleta pública como motor del cambio modal hacia la bicicleta es un error
que sólo se ha cometido en unas cuantas capitales mundiales aunque, eso sí, de mucho
renombre y que es la fórmula que les vendieron las empresas especializadas en
gestionar la publicidad exterior en dichas ciudades, como herramienta de doble filo para
vender política verde amarillista a través de la bici y ahorrarse unos buenos duros en la
compensación del canon publicitario a pagar por hacerse con los soportes publicitarios
en las calles de dichas ciudades. Una fórmula sólo apta para capitales, como ha quedado
demostrado en la experiencia.
Creer que las bicicletas públicas resuelven la movilidad ciclista o incluso que su
aportación es decisiva para hacerlo es un error de un calado mucho más profundo.
Primero, porque los sistemas de bicicletas públicas, son sistemas de movilidad
unipersonal, que no se autorregulan y cuya redistribución ha de hacerse, si se quiere
ofrecer un verdadero servicio público serio, utilizando furgonetas y camiones para
compensar los desequilibrios naturales propios de los movimientos pendulares de la
población y de los horarios punta.
Segundo, porque su mantenimiento es tan difícil como caro de hacer. Mucho más si son
bicicletas eléctricas de baja calidad como la que ha elegido BiciMAD y ahora, después
del fracaso económico de la empresa concesionaria Bonopark, ha recaído en la empresa
pública de transporte de Madrid, la EMT.
Tercero, porque no garantiza el éxito de los viajes y provoca ineficiencias tan
formidables como no tener bicis disponibles cerca del inicio de nuestra ruta o no tener
plazas disponibles cerca de nuestro destino. O que la bicicleta no funcione o no lo haga
el anclaje. Lx)S desplazamientos terminales y los fallos técnicos hacen que la práctica
ciclista quede desnaturalizada y sus ventajas comparativas minimizadas.
Pero todas estas razones no se desvelan hasta que la utilización es masiva, cosa que en
Madrid no ocurre. Además, si a esto le pones un buen motor y vives en un Madrid
donde los tiempos de desplazamiento se cuentan en medias horas, pues ni tan mal.
Hasta el punto de que algunos de los ciclistas habituales se suman a la alegría colectiva
y se lanzan a lomos de estas bicicletas desbocadas eléctricamente a conquistar la ciudad
a pedales sobrepotenciados.
Lx) pude contemplar en las horas que estuve en la Gran Vía el día que empezaron con la
reforma navideña que tanto está dando que hablar en los medios. Allí no había ciclistas
urbanos, allí había unos pocos BiciMADs rulando a toda pastilla y subiendo las cuestas
a 25 kilómetros por hora con una sonrisa, y luego continuando a la misma velocidad por
las calles 30, las calles 20 y las aceras, que para eso son los elegidos del esnobismo de
la movilidad sostenible madrileña.
¿Este es el modelo de movilidad ciclista del futuro? ¿Esta es la Madrid ciclista añorada
por sus círculos reivindicativos históricos o más modernos? ¿O es una ilusión?
...y además un Plan de Carriles Bici
Pues no. No lo es. Porque Madrid, además, tiene un plan para las bicis y quiere mejorar
esta oferta con unos cuantos carriles bici aquí y allá, como queda claro en el Plan
Director de Movilidad Ciclista de Madrid, para conformar la Red Básica de Carriles
Bici sin la cual ninguna ciudad que se lo proponga puede decir que está haciendo la
tarea en la cuestión ciclista.
Con todos estos ingredientes y con todo este baile de cifras millonarias desorbitadas,
propias de las economías de escala que mueven estas islas urbanitas que son las grandes
ciudades, todo va a quedar muy disimulado y muy aparente... pero me temo que en
Madrid va a seguir habiendo tan pocos ciclistas o unos pocos más de los que hay hasta
ahora, si no se hace algo más para que los coches no campen a sus anchas por el centro
urbano y para que los ciclistas privados (esa minoría marginal) no cuente con soluciones
de aparcamiento seguro y no caigan en los cantos de sirena del BiciMAD, como parece
que ya han empezado a caer.
Suerte y ojalá sea sólo una visión aldeana y provinciana la culpable de esta reflexión.
Publicado por Eneko Astigarraga | |