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Publicado por: imaginol: octubre 27,2015
A tu centro de salud en bici... si te dejan
Nuestro lector imaginol nos cuenta su problema al intentar acceder con una bici plegable a un
centro de salud de Madrid. ¿Tú también quieres contarnos tu historia? ¡Conviértete en Embajador
de Ciclosfera!
Todo lo sigue es verdad, salvo alguna cosilla (en aras del humor y las licencias literarias).
Sí amigos. No les parecerá nada raro hoy día en Madrid, si les digo que uso la bici como medio de
transporte. Ni tampoco si lo disfruto con esa sonrisilla estúpida que se nos pone a los que nos
desplazamos por automoción frente al rictus tenso y amargo de los que eligen vehículos a motor. Y no
presumiré diciendo que lo hago desde hace 20 años. Madrid debió ser en los 80 un enjambre de bicis, a
juzgar por cuanta gente dice ahora que la usaba entonces. Yo soy más bien de floración tardía, no cumplo
los 50 y no hace mucho que la uso para hacer cada vez más actividades.
Tardío sí, pero convencido también. Y tanto me gustó cuando empecé a usarla en la ciudad, que decidí
comprarme una bici plegable para no exponerme a la odiosa moda del robo de bicis en Madrid o a cargar
con una cadena de 20 kilos para atarla al mobiliario urbano y que se la lleve el agradable servicio de grúa
murúcipal. Muy contento con esa maravilla a la que cede su nombre una iglesia londinense, les aseguro
que he entrado con ella plegada en multitud de lugares y dejándola en consigna con frecuencia: en esa
tienda de tecnología que no es para tontos; en la sacrosanta Casa donde viven los libros; en un mercado
muy Hiper; en otro mercado casi francés pero Express; ¡en varias consultas de dentistas!; en algún
restaurante ... Por no hablar de organismos públicos y privados, con o sin arco de seguridad y hasta asisto
al lugar de mis consultas médicas en mi bici, y, con frecuencia al Hospital 12 de octubre. En rúnguno de
ellos he molestado a nadie debido a su pequeño tamaño y mi enorme cuidado, y no he despertado otra
cosa que simpatías, miradas envidiosas y lo que querían ser jocosos comentarios sobre el plegado del
juguetito. Eso sí, también he comprobado que la inmensa mayoría de la población reconoce que “yo
también debería usarla, pero...”
Tan satisfecho estoy en la idea de que reduzco contaminantes a la atmósfera, no quemo combustibles
fósiles y mantengo mi salud óptima sin hacer mido rú ocupar mucho espacio en la calzada (y un poco
contribuyo a la salud de los demás) que hoy me dirigía a la consulta de, ¡atención chicos!, nuestro amigo
el Urólogo en el Ambulatorio de Orcasitas, Madrid. Iba tan feliz como puede estarse ante tan inquietante
cita pese al lugar donde iba, cuando un “Caballero, con bici no puede pasar” me detuvo
momentáneamente en la entrada. “Ya lo sé, amable guardián de la seguridad -le espeté hasta sonriendo-
voy a plegarla”. “Pues no, ni plegada puede entrar”. “No me diga eso, que he entrado en ... (bah, los
sitios que menciono más arriba) y en ningún lugar me pusieron trabas”. “No, si -dijo en clara actitud de
duda y con sincero pesar-, decirle esto me parece absurdo y estoy en contra. De hecho pedí que me lo
dieran por escrito y me dijeron que no hay norma, que eso es cosa de aquí. Aquí no se entra ni en bici
plegable. Puede dejarla ahí en la puerta o ...” Por si los lectores lo ignoran, Orcasitas es un barrio
residencial superseguro, sin apenas delincuencia y muy patrallado por varias policías. Pese al paro, la
pobreza, la marginabdad y el abandono de las autoridades, en el barrio hay un gran desarrollo de la UD,
en concreto la tecnología para el robo de bicis se ha multiplicado por 10.000 en los últimos meses,
alcanzando la velocidad de cracero en robos seguros de 7" de media. Como seguramente tardaría algo
más de esos 7" en mi cita médica, no me convenció e intenté convencerle yo de que no molestaría, que el
bulto era pequeño y que tardaría muy poco. Ee convencí de pleno pero me dijo “rú plegada puede entrar.
Aquí no se entra”.
Siguió una amigable conversación sobre lo absurdo de que si vengo en coche y aparco en doble fila, no
me puede decir nada; de los bultos que lleva la gente mucho más grande que mi bici; de que si llevara la
bici dentro de un carrito de la compra o envuelta podría entrar; de potenciar o no el trasporte sosterúble en
actos cotidianos... Mientras tanto, tuvo que permitir la entrada a: una señora con carrito de la compra
lleno; un cochecito de rúño semiplegable semiplegado; un niño con un juguete grande (muy grande) que
llevaba su madre; un señor que se parecía a Tom Jones con un paquete enorme (digo un paquete envuelto,
no su propio paquete, en el que no me fijé); un chaval con un móvil de 82" y un abuelete simpático con
sobrepeso que ocupaba lo que seis Bromptons. Y yo allí en la entrada con mi plegable, como diría Javier
Krahe, como un gilipollas.
Eo importante es que se trata de una medida arbitraria, no regulada por normativas y producto de la
opinión de una persona que dirige un centro público y que debe ser prima de la actual Directora General
de Trabajo, a juzgar por tener la misma obsesión contra las dos ruedas que ella. Mi discreción, a la altura
de la ayuda comprensiva del guardia y al que no delataré, me impide decir qué ayuda recibí de quién no
me permitió la entrada para que pudiera acudir a mi cita médica. Tras conseguir que el urólogo...,
digamos que profundizara urúlateralmente en nuestra amistad y después se echara un pitillito, he decidido
no volver a verle si tengo que ir en coche. Además, he descubierto que mi cardiólogo es muchísimo más
guapo que él.
Resulta paradójico y un poco triste que se dificulte y penalice de este modo tan absurdo el uso de la bici
en nuestras ciudades. Además, considero que es discriminatorio no permitir la entrada con un bulto que
no interfiere rú molesta a nadie porque se trate de una bici y no se obre igual ante maletas, bolsas, carritos
de bebé, carros de la compra, cochecitos, ... Invito, como el amable y comprensivo guardia de seguridad
hizo conmigo (parece que esos términos no son contradictorios, como yo creía hasta ayer) incluso
facilitándome el impreso (¿recuerdan? no me dejaba entrar al recinto) a poner sugerencias / quejas /
reclamaciones ante las instancias oportunas, como yo hice. Sólo expresando nuestra peticiones o quejas
de forma correcta parece que se consiguen las cosas. | |