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IDTítuloÁmbitoAño 
538 Egin Bizikleta Festa. Alabanza del biciclo.
Autoría: Julián Pacho.
Fuente: Egin 18-05-1985.
Formato: DIG/PAPEL
Idioma: Castellano
Etiqueta: Culturas ciclistas
General 1985
Extracto del fichero OCR------------------—--------------—---— 1985 maialzak 18, * larunbata H Alabanza del biciclo m soños soporta, nunca bigar- dos; pero a lodos seduce. Es, qué duda cabe, su gracilidad de mimbres lo que primero -aún de voyeur pasivo— te convence. Des- pués, si la abrazas, le sorprenderá la resistente livianidad de su cuerpo o sus ágiles coyunturas, su despierta sensibilidad o la entregada sujeción de su montura. Todo lo suyo, su es- tirada grupa, sus acabadas curvas y diminutos picachos, es a un tiempo agradablemente terso y grácil, firme y levé. Pero no arriesgues (probar su rendimiento si no quieres poner en juego todo el crédito de tu hombría, que esta delicada compañera gusta de amantes musculosos e incansa- bles: te crisparás jadeante sobre ella, o aun sin resuello y compostura, y te responderá con ese ronroneó de gata plácida que no se despereza... Quién es la bella? No obstante, otra mirada atenta volverá a traicionar nuestro orgullo. Y es esta vez la máquina misma la que nos devuelve la memoria. Por- que la rueda no es signo de rebeldía o invención de gabinete, sino la ver- sión abstracta de muchas y viejas historias narradas primero por nues- tros ojos: historias de bayas y bulbas, troncos y cantos, granos y nueces. Todos rodaron mucho antes que la rueda. Y de sus viejas histo- rias es nuestra bella la versión jóven más sucinta y elegante. Una trama breve de juncos y curvas. E inocente. Trabado en ella, esta otra vieja má- quina de huesos y músculos puede darse gusto aún y exhibir a los cua- tro vientos su presumido cerebro sin temor a dejar tras éste la huella, tantas veces nefasta, de su inmere- cida arrogancia. Julián PACHO bizikíeta festa / 23 acerone del Nuevo Mundo en otro preindustrial y analfa- beto sin restricciones, el «Tordo», que había estado en la Guerra de Cuba y visto muchas cosas improba- bles, juraba, entre otras, haber an- dad'- sobre ruedas como el rayo, dai «anivela con los pies*. Pocos días «espués de haber dicho seca- mente: «este tordo ya no vola más», murió con su verdad y en olor de fantasmón. Corría el año de 1919. Y en el de 1931 se corría la primera de cintas entre sus vecinos. En su nom- bre. El insólito ingenióle caucho y hierro se había convertido en poco más de un decenio en animal do- méstico. Tan pronta es la costumbre para hacer clemencia con los extraños. ïT mencia con las. hijas v^JíLjJl-v de la técnica.¡. Como si no hubiese sido el comercio con ellas lo que nos expulsó up día y nos aleja cada vez más del paraíso. Es verdad que pudimos olvidarlo du- rante algunos pocos siglos de euforia mecanicista. Pero ahora nos aban- dona el orgullo. Ahora queremos desprendernos de lo que fueron nuestros monstruos predilectos, más- caras. y prótesis. Y lo que nos trai- ciona no es —nó sólo- su súbita fealdad, sino la memoria ancestral de la especie, que nos recuerda el tiempo en que aún.pudimos abste- ner le los seductores frutos del árbe . la ciencia. Es inevitable que en este paradisíaco paisaje que re- construye nuestra vieja memoria toda máquina sea un extranjero impío. Sin embargo, el primer extraño, impío o no, fue el hombre. La me- moria ancestral de la especie, que desde los primeros mitos a los últi- mos achaques verderones repite con insistencia sus nostalgias, debería re- cordar que el extranjero imperti- nente no surgió con la mecanización industrial. Apareció mucho, antes, cuando algún homínido. precoz transformó palos en báculos, huesos en agujas y, sobre lodo, cuando, mucho más tarde, con tierras colora- das creó trazos que son símbolos. Todo lo foráneo en este mundo, los tanques o las campanadas al ánge- lus, «Ebony» o la bomba de hidró- geno, es únicamente producto de la inteligencia humana —o de su estu- pidez—. Todo lo foráneo es producto del hombre. Sea. Pero ni todo producto del hombre es radicalmente extraño a este mundo ni ha de expulsarnos sin remisión del paraíso. • \t, t‘>'t Ÿ iír . rT"' A chamos de ello a la má- X jl\ quina ’porque preferimos admitir la expulsión del paraíso a perder el derecho de rebeldía, la ilu- sión de libertad frente a la natura- leza. Así, incluso a! rcconoçèr tanta fealdad culpablé en la máquina, per- manecemos de buen grado cómpli- ces de ella. ___________Caja de Aho- rros Vizcaino le ofrece dos Tarjetas de categoría inter- nacional, para que usted disponga de la que más le convenga, ... o de las dos. Ai/i \ASTER CARD fue Ia primera Tarjeta de Cré- dito emitida por una Caja de Ahorros en Eusbadi. Un avance que hoy sigue es- tando en primera línea. ISA de la Caja de Ahorros Vizcaino : VISA VIZCAINA. La Tarjeta con todo el crédito del mundo. Para que usted Io tenga en su bolsillo, tran- quilamente. 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