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1985 maialzak 18,
* larunbata H
Alabanza del biciclo
m soños soporta, nunca bigar-
dos; pero a lodos seduce. Es,
qué duda cabe, su gracilidad de
mimbres lo que primero -aún de
voyeur pasivo— te convence. Des-
pués, si la abrazas, le sorprenderá la
resistente livianidad de su cuerpo o
sus ágiles coyunturas, su despierta
sensibilidad o la entregada sujeción
de su montura. Todo lo suyo, su es-
tirada grupa, sus acabadas curvas y
diminutos picachos, es a un tiempo
agradablemente terso y grácil, firme
y levé. Pero no arriesgues (probar su
rendimiento si no quieres poner en
juego todo el crédito de tu hombría,
que esta delicada compañera gusta
de amantes musculosos e incansa-
bles: te crisparás jadeante sobre ella,
o aun sin resuello y compostura, y te
responderá con ese ronroneó de gata
plácida que no se despereza... Quién
es la bella?
No obstante, otra mirada atenta
volverá a traicionar nuestro orgullo.
Y es esta vez la máquina misma la
que nos devuelve la memoria. Por-
que la rueda no es signo de rebeldía
o invención de gabinete, sino la ver-
sión abstracta de muchas y viejas
historias narradas primero por nues-
tros ojos: historias de bayas y
bulbas, troncos y cantos, granos y
nueces. Todos rodaron mucho antes
que la rueda. Y de sus viejas histo-
rias es nuestra bella la versión jóven
más sucinta y elegante. Una trama
breve de juncos y curvas. E inocente.
Trabado en ella, esta otra vieja má-
quina de huesos y músculos puede
darse gusto aún y exhibir a los cua-
tro vientos su presumido cerebro sin
temor a dejar tras éste la huella,
tantas veces nefasta, de su inmere-
cida arrogancia.
Julián PACHO
bizikíeta festa / 23
acerone del Nuevo Mundo en
otro preindustrial y analfa-
beto sin restricciones, el «Tordo»,
que había estado en la Guerra de
Cuba y visto muchas cosas improba-
bles, juraba, entre otras, haber an-
dad'- sobre ruedas como el rayo,
dai «anivela con los pies*. Pocos
días «espués de haber dicho seca-
mente: «este tordo ya no vola más»,
murió con su verdad y en olor de
fantasmón. Corría el año de 1919. Y
en el de 1931 se corría la primera de
cintas entre sus vecinos. En su nom-
bre. El insólito ingenióle caucho y
hierro se había convertido en poco
más de un decenio en animal do-
méstico.
Tan pronta es la costumbre para
hacer clemencia con los extraños.
ïT mencia con las. hijas
v^JíLjJl-v de la técnica.¡. Como
si no hubiese sido el comercio con
ellas lo que nos expulsó up día y nos
aleja cada vez más del paraíso. Es
verdad que pudimos olvidarlo du-
rante algunos pocos siglos de euforia
mecanicista. Pero ahora nos aban-
dona el orgullo. Ahora queremos
desprendernos de lo que fueron
nuestros monstruos predilectos, más-
caras. y prótesis. Y lo que nos trai-
ciona no es —nó sólo- su súbita
fealdad, sino la memoria ancestral
de la especie, que nos recuerda el
tiempo en que aún.pudimos abste-
ner le los seductores frutos del
árbe . la ciencia. Es inevitable que
en este paradisíaco paisaje que re-
construye nuestra vieja memoria
toda máquina sea un extranjero
impío.
Sin embargo, el primer extraño,
impío o no, fue el hombre. La me-
moria ancestral de la especie, que
desde los primeros mitos a los últi-
mos achaques verderones repite con
insistencia sus nostalgias, debería re-
cordar que el extranjero imperti-
nente no surgió con la mecanización
industrial. Apareció mucho, antes,
cuando algún homínido. precoz
transformó palos en báculos, huesos
en agujas y, sobre lodo, cuando,
mucho más tarde, con tierras colora-
das creó trazos que son símbolos.
Todo lo foráneo en este mundo, los
tanques o las campanadas al ánge-
lus, «Ebony» o la bomba de hidró-
geno, es únicamente producto de la
inteligencia humana —o de su estu-
pidez—.
Todo lo foráneo es producto del
hombre. Sea. Pero ni todo producto
del hombre es radicalmente extraño
a este mundo ni ha de expulsarnos
sin remisión del paraíso.
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iír .
rT"' A chamos de ello a la má-
X jl\ quina ’porque preferimos
admitir la expulsión del paraíso a
perder el derecho de rebeldía, la ilu-
sión de libertad frente a la natura-
leza. Así, incluso a! rcconoçèr tanta
fealdad culpablé en la máquina, per-
manecemos de buen grado cómpli-
ces de ella.
___________Caja de Aho-
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Tarjetas de categoría inter-
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disponga de la que más le
convenga, ... o de las dos.
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hi Kutxan: IIIZKAITAR
VISA. Mnndu gu/tibo Krv-
ditudun txartela.
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cure poltsiboan troth
bit tranbil i/an de/a/un.
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ten baditu/u /cure eragibe
lab, 15 tni/ioibo Istripu-
Asegurua eubibo du/u.
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