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larunbata M
Comparada con la de un litro de petróleo, la energía que un ciclista necesita en comida le permite hacer 400 kilómetros
por litro.
cuerpo en su mejor aprovecha-
miento: una acción rotatoria que
emplea articulaciones y músculos de
piernas directamente como palancas.
r :crcicio alarga los músculos,
co i resistencia a las piernas,
ayuda a la circulación sanguínea y el
ritmo cardíaco. Más se la usa, más
se distienden las arterias.
La primera consigna que establece
lodo ciclista es encontrar y mantener
su velocidad propia, no seguir las
del tráfico. Los veteranos le llaman
«ir en la tuya*.
Establecer la cadencia del pedaloc
es un acto de concentración sobre la
velocidad. La habilidad consiste en
hacer recaer la fuerza sobre el pedal
en forma constante y pareja y sin
tensar apenas la pierna.
«Aferrado a los pedales*, el ci-
clista escucha ¿I rozamiento dé la
cubierta sobre la calle, el trabajó que
hacen las piernas, el tintineo de las
bolillas cuando pasan por. los cri-
quets del piñón, el desarrollo de la
cadena por encima del plato, cómo
hermanan los dientes... Su conexión
o percepción del funcionamiento le
permite detectar cualquier desper-
fecto incluso antes de que se pro-
duzca. Una diferencia de alineación
o centrado de una rueda, más o
menos presión en una cámara, o una
irregularidad en la cadena, avisan al
cuerpo.
Del mismo modo instintivo que
mantiene el equilibrio o avanza
entre otros vehículos, algo del ci-
clista trabaja en automático con re-
lación al cuidado de su máquina.
Sin mayor esfuerzo ni pericia mecá-
nica, controla pequeños ruiditos
reincidentes, «clics» cíclicos, zonas
de roce, síntomas particulares de
cada bici.
Complementa su filosofía de «pre-
visor» con la comprensión de por
qué ocurre cada desperfecto.
Ojos que oyen, oídos que ven, a
medida que uno anda en bici se
vuelve más receptivo a ella.
Una puesta a punto se nota al
andar. Una bicicleta a punto se dis-
para sola. No se la siente. Es como
la flecha de un arquero. Para acce-
der a este estado de «desprendi-
miento», de no interferencia mecá-
nica, el ciclista debe, previamente,
aprender a mantenerla afinada.
Lo primero a comprobar son sus
frenos. La reducción de la velocidad
importan tanto o más que su obten-
ción, en especial para las que circu-
lan entre autos. Una manera de pro-
barlos es con la bicicleta detenida.
Apretar los frenos al máximo y tra-
tar de moverla. La presión de los pa-
tines debe impedir que las ruedas
hagan el menor ¿iro.
Segundo punto: observar si la su-
perficie de la llanta donde hace fric-
ción el patín está limpia de grasa,
manchas negras >i óxido.
Tercero: comprobar si la llanta se
mantiene como un círculo perfecto,
sin achaladuras. La forma más rudi-
mentaria y exacta es hacerla girar en
el aire y controlar si la distancia
entre la llanta y el patín se mantiene
uniforme. Si oscila hay que proceder
a centrarla.
Los únicos amortiguadores que
tiene la bicicleta son cubiertas y
radios. Los 32, 36 ó 40 alambres tra-
bajan como clásticos. Golpes y
malos tratos los deforman y comban.
Su reparación se llama «sacarle los
saltos a la llanta». El objetivo es un
centrado preciso para poder luego
alinearla en los ejes.
E1 centrado de las ruedas brinda
mayor exactitud a cada maniobra.
Sobre una rueda desalineada, los
frenos raspan en algunos tramos y
en otros hacen sentir que cables o
varillajes están flojos.
Más precisión de inflado permite
menos suuperficie de rozamiento
contra el suelo. La cantidad de aire
bizikleta festa /13
de los neumáticos es vital para obte-
ner menor resistencia y evitar posi-
bles pellizcos de la cámara al coger
un bache.
El frenado, más que de los pati-
nes, depende de la velocidad de la
bicicleta. Uno puede rebajarla de-
jando de pedalear en algunos tramos
y calculando intuitivamente las dis-
tancias a cubrir. Por la ciudad, con
la necesidad de reducir la velocidad
en cada esquina, la técnica de no pe-
dalear contribuye a una buena ad-
ministración de las fuerzas.
La bicicleta no debe ofrecer la
menor traba posible a la energía hu-
mana. Su misión es multiplicarla.
Dientes de engranajes y eslabones
de la cadena deben estar alineados.
Si éstos no hermanan a la perfección
con los dientes del plato y piñones,
hay fuerzas que se pierden. Si la ca-
dena está muy tensa, en vez de tirar,
frena.
La cadena está constituida por
piccccitas que articulan y material
que las lubrica. Al sentirla dura ten-
demos a ponerle aceite y pensar que
así la limpiamos. Al andar, la mate-
ria grasa va adhiriendo polvillo y se
convierte en un abrasivo que pule y
desgasta en vez de permitir la movi-
lidad de cada eslabón. Los cuidado-
sos nunca la engrasan sin tomarse el
trabajo previo de lavarla con kero-
seno y soplarla luego con micrográ-
nulos de leflón, producto lubricante
no graso y refractario a la tierra. La
exquisitez se justifica.
Otro motivo que interrumpe el
«olvidarse de la bicicleta» es sentir
flojo el varillaje del guardabarros.
Como quien le hace regularmente la
manicura, todos los tornillos y tuer-
cas deben ajustarse. En la mecánica
de la bicicleta nada va suelto. Ni el
ciclista.
Desde chicos necesitamos calcular
por dónde pasa nuestro cuerpo. Una
vez que aprendemos nuestros limites
no necesitamos controlarlos más.
Los «sabemos sin saber». Del mismo
modo, al poco tiempo de usar la bi-
cicleta, la integramos a nuestro es-
quema corporal. Sus dimensiones y
posibilidades prologan las nuestras.
Es la unidad hombre/biciclcta la
que a veces nos permite ir distraídos
y pasar justo entre dos coches. Tal
vez si calculásemos racionalmente la
maniobra no la realizaríamos, o no
nos saldría tan sincronizada. Con
idéntico mecanismo inconsciente,
otras veces nos adelantamos a un
desperfecto mecánico y percibimos
algo a punto de fallar. Ignoramos
cómo. Intuición directa y pura. Un
mensaje pasa de la bicicleta a nues-
tros pies o manos, de ahí al cerebro
y éste reacciona sin consultarnos.
Cuanto más queremos percibir y
controlar esa corriente, menos lo lo-
gramos: la interferimos. El Zcn ja-
ponés ofrece un método bastante
adecuado para dejarla circular...
Como quien se deja llevar por la bi-
cicleta en algunos tramos, sin peda-
lear ni hacer el menor esfuerzo: sim-
plemente sintiendo la brisa con los
ojos abiertos.
Edgardo LOVO'ITI
De «Integral»
Detrás del equipo ciclista está FAGOR,
Nslen electrodomésticos
En la carretera son 18 los
hombres que forman el Equipo FAGOR
de Ciclismo.
18 hombres que trabajan para
alcanzar lo máximo, apoyándose en
todo momento, tirando juntos para que
sólo uno alcance la meta.
Y en FAGOR Empresa, no son 18
sino 6.000 las personas que con su
esfuerzo han logrado situar a FAGOR en
el lugar más alto.
Así FAGOR hoy, gracias a la
constante innovación, exporta su
tecnología a más de 50 países de todo
el mundo. Este es el mayor triunfo de
todo un gran esfuerzo.
N21 EN ELECTRODOMESTICOS
es fantástico! | |