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IDTítuloÁmbitoAño 
374 A golpe de pedal. Madrid es una ciudad peligrosa y difícil para utilizar la bicicleta como medio de transporte.
Autoría: Toñeta Castilla.
Fuente: El País 02-07-1991.
Formato: DIG/PAPEL
Idioma: Castellano
Serie: Ciudades.
Etiqueta: Vehículos a motor y ciclistas
Madrid (comunidad) 1991
Extracto del fichero OCRTOÑETA CASTILLA. Madrid “Es práctica, barata, sana, limpia y no contamina'', asegura Antón Laguna, un madrileño de 27 años que cada día se aventura por Ma- drid con su bicicleta. Para unos es uh loco, y para otros, un valiente. Él, sin embargo, considera la bid el mejor transporte para moverse por una capital atascada, contaminada y sobre todo peligrosa: las calles no tienen espacios para los ciclistas, y los conductores los ig- noran. En lo que va de año han muerto ocho amantes del pedal en la Comunidad de Madrid en accidentes de tráfico, casi todos por atro- pello, según la Federación Madrileña de Ciclismo. Antón es uno de los seducidos por la revolución verde; por eso se mueve a golpe de pedal. Antes de terminar la carrera de Bellas Artes iba hasta la facultad en bid. Ahora la utiliza para todo, lo mismo para llegar hasta su es- tudio que para ir al Rastro un domingo por la mañana. Antón asegura: “Madrid es una ciudad practicable y accesible a la bici- cleta. Tiene muchas cuestas, pero siempre después de la subida te espera una relajante cuesta aba- jo”. Antón reconoce que tiene muchos inconvenientes, como estar todo el tiempo rodeado de contaminación, pedaleando en- tre el monóxido de carbono que desprenden los coches. También están los riesgos. Por ejemplo, el conductor o el pasajero que abre la puerta de su automóvil sin mirar si viene al- guien por los lados. En ese mo- mento sólo quedan dos solucio- nes: un regate rápido y corto o un salto mortal digno de los más expertos acróbatas. Otro proble- ma lo constituyen los baches del -B \JteWAûO<-os A HüZ)k '{ CLQx&n asfalto. Además está el inconve- niente de tener que circular por una ciudad que no está pensada para los ciclistas: los carriles bid no existen. Sólo en los parques o en zo- nas ajardinadas se favorece la circulación de bicicletas, espe- cialmente los fines de semana. Iz- quierda Unida y la Federación Madrileña de Ciclismo han soli- citado la cración de un circuito estable en la Casa de Campo. Pero Madrid todavía no es Ber- lín o Nueva York, y mucho me- nos Amsterdam. 100.000 aficionados Antón Laguna sortea vehículos en uno de sus desplazamientos por Madrid. La Federación Madrileña de Ci- clismo reconoce que son muy po- cas las personas que utilizan la bicicleta a diario, “aunque los fi- nes de semana cerca de 100.000 madrileños recurren a la bicicleta para hacer excursiones”. La fe- deración ha solicitado a la Direc- ción General de Tráfico la crea- ción de cinco rutas comarcales para ciclistas, donde la circula- ción de vehículos estaría restrin- gida, y su velocidad, limitada a 40 kilómetros a la hora. También ha solicitado que los grupos de deportistas por carretera puedan llevar un coche de asistencia que impida que puedan ser embesti- dos por detrás. Antón sabe que está solo en el asfalto, pero reconoce que entre los amantes de las dos ruedas sin motor existe cierto compañeris- mo. “Si tienes cualquier proble- ma y estás tirado en el arcén, un ciclista nunca pasará de largo. Y sin necesidad de que pase nada, el cruzarte con otro colega pro- voca miradas de complicidad”. Complicidad que no compar- ten los conductores de coches. “Se dedican a freírte a bocinazos para que te apartes de su ca- minó”,1-:' : La experiencia ha enseñado a Antón que lo principal para so- brevivir en una ciudad en la que las bicicletas no existen es la pru- A golpe de pedal Madrid es una ciudad peligrosa y difícil para utilizar la bicicleta como medio de transporte dencia: “Hay que conducir con la cabeza”. Él, naturalmente, busca las rutas con menos cues- tas, atascos y polución. Está al lado de los ecologistas al decir: “Fomentaría las bicicletas. Ayu- da a mantener en forma el cuer- po y la mente, y contribuye a una sociedad más sana y menos con- taminada. Si tienes un poco de cuidado, no es tan peligroso ni se llega sudando al trabajo”. Odia la cuesta de Atocha y adora el Madrid antiguo. EL PAÍS, martes 2 de julio de 1991