| Extracto del fichero OCR | EL DIARIO VASCO
TRANSPORTE
Gipuzkoa cuenta con 165 kilómetros de bidegorris, un tercio
de la red proyectada
Los usuarios de los carriles bici del circuito foral son mayoritariamente peatones (74%). El
colectivo de ciclistas urbanos Kalapie lamenta los recortes anunciados por la Diputación
05.09.11 / ARANTXA ALDAZ /I SAN SEBASTIÁN.
LOS DATOS
Tramos ejecutados (2007/11)
Donostia-Irun: La Herrera-Buenavista.
Lasarte-Zubieta: Puente del Hipódromo-Zubieta.
Donostia-Beasain: Astigarraga-Martutene, Asteasu-Zizurkil, Tolosa-Alegia, Segura-Crace Kortabarria,
conexión Segura, mejoras en Tolosa-Alegi, Ordizia-Zaldibia, iluminación Asteasn-Ziznrkil y Beasain-
Lazkao.
Valle del Deba: conexión Aretxabaleta norte y snr, Aingern Gnarda-Sorantz (Eskoriatza), Elgoibar-
Maltzaga, Eskoriatza cementerio, Bergara-Antznola y Soralnze-Mekolalde.
Valle del Urola: Azpeitia-Azkoitia, conexión Jansoro (Azkoitia), ilnminación de los túneles Urretxn-
Azkoitia y mejora del firme Azkoitia-Urretxn.
Bergara-Beasain: Beasain-Salbatore.
Valle del Bidasoa: Imn-Endarlatsa
Valle del Leitzaran: Ilnminación Leitzaran y mejora del vallado.
En ejecución: Txaparrene-La Herrera, Añorga txiki-Rekalde, cruce Kortaberria-Ondarlea (Zegama) y
Azpeitia-Lasao.
Hace tiempo que San Sebastián se ha subido a la bicicleta para convertirla en medio de transporte urbano
habitual, desbancando al transporte motorizado. La revolución ciclista ha calado en la capital
guipuzcoana, donde más del 3% de los desplazamientos se hacen dando pedales. La competitividad de la
bici respecto al coche en distancias de unos cinco kilómetros ha hecho que incluso se creen empresas de
reparto y taxis (las 'txitas') que utilizan las dos ruedas. Y aunque quedan retos pendientes, como el acceso
a los barrios altos y la conexión con el transporte público, no hay duda de que la forma de moverse por la
ciudad ha cambiado de forma radical. Pero ¿y qué pasa en el resto de Gipuzkoa? ¿Se ha extendido la
cultura de la bicicleta fuera de la geografía donostiarra?
El mapa de los bidegorris en el territorio no deja lugar a dudas del auge que está teniendo la bicicleta en la
mayoría de municipios, pero todavía está lejos del objetivo diseñado por la Diputación. La red básica de
vías ciclistas de Gipuzkoa cuenta ya con 165 kilómetros abiertos a ciclistas y peatones -muchas de las
vías son de uso compartido-. Quedan por habilitar las dos terceras partes del circuito planteado (276
kilómetros de un total de 441). El futuro inmediato de la red queda hipotecado hasta final de año por los
recortes anunciados desde Diputación debido al desajuste presupuestario de este 2011.
La red se ha dividido en ocho itinerarios diferentes, que conectará las vías ciclistas de titularidad
municipal y la red foral de carácter interurbano que enlaza los municipios: Donostia-lmn, Donostia-
Mutriku, Donostia-Beasain, Valle del Deba, Valle del Urola, Bergara-Beasain, Valle del Bidasoa y Valle
de Lei-tzaran. Los datos corroboran el despegue de la bicicleta en todos los tramos citados, pero desde
colectivos ciclistas como Kalapie demandan al gobierno foral y a los ayuntamientos qne se imprima nna
nneva marcha a la red. En 2009 se snperaron por primera vez los dos millones de desplazamientos en la
red foral de bidegorris y el año pasado la cifra llegó a los 2,5 millones, nn 15% más de nsuarios.
Ginliano Mezzacasa, socio de Kalapie desde sns inicios en 1989, interpreta la estadística con menos
optimismo del esperado. «La mayoría de nsuarios son peatones, lo qne qniere decir qne todavía no se ha
afianzado la bicicleta como medio de transporte». Efectivamente, el Observatorio de la bicicleta de
Gipnzkoa constata qne tres cnartas partes de los desplazamientos corresponden a peatones y sólo nn 24%
a ciclistas, y annqne esta última cifra ha anmentado, signen teniendo menor presencia en los bidegorris.
La mayoría de conclnsiones, no obstante, arrojan nn cambio de tendencia. Por ejemplo, el hecho de qne el
72% de los ciclistas qne actualmente transitan por los carriles bici de la red foral lo hacen para
desplazarse al trabajo a pesar de disponer de coche. Otro de los datos significativos es qne la existencia de
la red se convierte en nn acicate para potenciales nsnarios qne no ntibzaban la bicicleta como medio de
transporte antes de existir el carril bici.
«No se toma en serio»
Mezzacasa cree qne lo hecho hasta ahora ha servido para «abrir las pnertas a nna nneva era de la bicicleta
en Gipnzkoa», siempre y cnando se renneve el compromiso con partidas presnpnestarios concretas en los
presnpnestos del año qne viene. «Lamentamos los recortes annnciados por la Dipntación. Segnimos
pensando qne la bici no se toma con la seriedad debida. No se asnme qne pneda ser nn sistema de
transporte», afirma. Uno de los problemas qne cita es qne la red foral (90 kilómetros constmidos) no tiene
nna continnidad en todos los mnrticipios qne ya están conectados a través de nn bidegorri. «La apnesta no
tiene qne ser conectar la periferia de nn mnrticipio con la periferia de otro, sino poder ir de pnerta a pnerta
en bicicleta, porqne solo así podrá convertirse en nna alternativa real de transporte», argnmenta. Entiende
qne el desarrollo de los carriles bici dentro de las localidades es competencia de los aynntamientos, por lo
qne precisamente reclama a la Dipntación nna línea de ayudas locales para que se diseñen los circnitos
ciclistas de forma «coordinada y más eficaz».
La conexión con la red local alentaría a potenciales ciclistas, defiende Mezzacasa, pero la infraestmctnra
no es nna condición snficiente. «Otro de los criterios debería ser el de la combinación de la bici con el
transporte público. Y ahí todavía no se ha interiorizado el papel qne tiene qne tener el ciclista». ¿Por
ejemplo? «En Donostia, donde la red de bidegorris fnnciona mny bien y es nn modelo a segnir, el
problema principal es la conexión con los antobnses. El espacio para los ciclistas es compartido con
minnsvábdos y sillas de niños. Y nnnca hay sitio. Es nn problema de difícil resolnción», admite.
La reciente incorporación de nnevos vagones a la línea del Topo también encnentra nn 'pero' para los
ciclistas. «Cnriosamente las nnidades viejas estaban mejor para las bicis. El espacio reservado para las
sillas de medas contaba con nn dispositivo para enganchar la bici. Y había sitio para todos. Ahora no, hay
dos entradas menos para bicis y el espacio para compartir es mncho más peqneño. Es nn ejemplo más de
qne el elemento bici no está realmente interiorizado dentro de las políticas», por lo qne pide qne se
exploren todas las alternativas para hacer de la red nna verdadera línea de transporte, y no sólo nn medio
de recreo. | |